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Chateau-Margaux, zarzuela en un acto estrenada en el Teatro Variedades de Madrid en 1887, cuya innecesaria moraleja es que si se halla usted recién casado y recibe la visita de unos tíos a los que abriga la intención de heredar, guarde bajo llave sus reservas de Chateau-Margaux, el delicioso vino bordelés, antes de que su bella y delicada esposa y su desinhibido criado pongan en peligro sus planes.
Por su parte La Viejecita, zarzuela en un solo acto y dos cuadros, estrenada en el Teatro de La Zarzuela en 1897, nos cuenta la habilidad de su protagonista para, disfrazándose de la anciana tía de un amigo, acercarse a la joven que ama, derrotar en duelo a su rival y lograr el perdón de todos y la promesa de amor de la mujer que adora.
Manuel Fernández Caballero , algunas de cuyas obras se encuentran entre las mejores del repertorio, es el autor de la música de ambas y uno de los representantes de la segunda generación de zarzuelistas modernos.
Lluís Pasqual, uno de los directores escénicos europeos más destacados del momento, se enfrenta con éxito al reto de rescatar estas dos delicias musicales.
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